Después de seis años he vuelto a ese paraíso que es el sur de Francia, con su colosal obra, el Canal de Midi.
Una gigantesca estructura que un genio del siglo XVII, Pierre-Paul Riquet, barón de Bonrepos, construyó para conectar el Mediterráneo y el Atlántico, facilitando así el comercio y las comunicaciones en el sur del país. El Midi es el canal navegable en funcionamiento más antiguo de Europa.
Patrimonio de la Humanidad desde 1996, el canal conserva las esclusas originales. Por eso navegar por esta increíble obra maestra de la ingeniería es sobrecogedor, tanto como contemplar las pirámides de Egipto.


Hasta hace seis años, las orillas del canal estaban flanqueadas por 60.000 inmensos plataneros que, por desgracia, han tenido que talarse por una enfermedad que impidió su recuperación. Ya se han replantado más de 32.000 árboles, y en pocos años espero volver a disfrutar de los juegos de luces y sombras que proyectan sobre las tranquilas aguas del canal.
La primavera se muestra esplendorosa en esta Francia rural, donde la vista se pierde en un horizonte sembrado de viñedos, con marismas donde caballos, flamencos y garzas conviven entre las retamas, y donde una exuberante colección de olmos, plátanos, arces, encinas, álamos, fresnos y un sinfín de plantas nos envuelve con un aroma fresco y limpio.
He vuelto a mi querida librería de Le Somail, ese pequeño pueblo con su puente de piedra y su barcaza supermercado, donde tantos años he comprado bolas de mamut a mis hijos.
He vuelto a admirar las esclusas de Fonseranes, esas siete esclusas en escalera que salvan una altura considerable y donde el agua entra a borbotones.
Hemos dado largos paseos desde el canal hasta el pueblo de turno, hemos hecho pícnics a la orilla y hemos navegado por el estanque de Thau, que es como el Mar Menor: los pueblos de alrededor viven de las bateas de ostras y mejillones, y hay muchos puestos donde comprarlos a precios increíbles.
Esta vez Aproache había organizado una flotilla de ocho barcos, con un ambiente familiar estupendo para todas las edades.
Hemos disfrutado de esos atardeceres de paz en este lugar maravilloso, que espero sea por siempre uno de los mayores legados de la humanidad.




