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Aproache Yachting
Cuatro catamaranes fondeados en una bahía de aguas turquesa rodeada de montañas áridas

Mar de Cortés

2 min de lecturaMéxico

Después de mi segundo viaje a este recóndito lugarcito no puedo más que estar absolutamente de acuerdo con las sabias palabras con las que, según dicen, Jacques Cousteau definió este lugar: el acuario del mundo.

Hemos podido disfrutar de bellísimos fondos marinos, donde los corales tapizan el fondo del mar y albergan a miles de peces de colores: cirujanos, mariposa, payaso, meros, globo… Un sinfín de esculturas naturales. Cualquiera de estos peces es un ejemplo de que no hay mejor artista que la madre naturaleza.

Velero fondeado en aguas turquesa al pie de una montaña rojiza, junto a una playa de arena blanca
Paisaje del Mar de Cortés, en Baja California, con sus aguas turquesa.

El paraíso de los pelícanos

Vigilando atentamente estos fondos hemos visto cientos de pelícanos. Jamás había encontrado un espectáculo así: no se inmutan aunque te metas con la neumática en medio de su grupo. Levantan el vuelo y hacen brutales picados desde bien alto para conseguir un suculento pez.

Estamos rodeados de estos misiles con alas, y está claro que este mar es su paraíso. Aunque también hay preciosos cormoranes, fragatas, gaviotas y, ya en tierra, impresionantes zopilotes.

Pelícano pardo posado sobre las rocas a la orilla del marBarcas de pescadores varadas en una playa de piedras, con la bahía y las montañas al fondo
Pelícanos y barcas de pescadores en la costa de Baja California.

Leones marinos y tiburones ballena

Si después de estos momentos haciendo esnórquel en este museo submarino, o avistando el comedor social de los pelícanos, aún no piensas que este sitio es único, todavía puedes intentarlo con algo tan singular como nadar con los leones marinos. O con los tiburones ballena.

Ahora está todo muy regulado, porque los turistas son muchos y hay que proteger a estas hermosas criaturas. Pero, aunque no sea tan salvaje como la otra vez que lo hicimos, aún merece la pena nadar mientras un leoncito con cara de pasmado te acompaña y te deja acariciarle el lomo. O al lado del gigante moteado, el tiburón ballena, mientras engulle litros de esa suculenta sopa de kril.

Chorrito, salto, lomo y, por fin, esa majestuosa cola. Y todo eso, a unos metros de tu barco.

Maravilloso. Lo mismo que ver por fin el ritual de las gigantes del mar: el salto de una ballena. Ya casi no te quedarán argumentos para que este lugarcito no te parezca uno de los rincones más bonitos de la tierra.

Grupo de la flotilla saludando en una playa de arena blanca, con la neumática en la orilla y acantilados rojizos al fondo
La flotilla de Aproache en una playa del Mar de Cortés.

Una tierra de contrastes

No dejes, por último, de completar tu imagen del lugar bajando a tierra y paseando entre los cactus: esas enormes esculturas vegetales que se recortan sobre el horizonte marino y nos recuerdan que esta es una tierra rica en el mar y austera en la tierra. Es, definitivamente, un lugar de hermosos contrastes.

Catamaranes fondeados en una cala al atardecer, entre dos promontorios

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