La nubosidad se cierne esta mañana sobre el puerto de Denia, pero los rostros de los participantes transmiten emoción. Todos a la espera de que se anuncie el procedimiento de salida. El viento es escaso, apenas cinco nudos: se prevé un recorrido difícil, con estrategias distintas y variedad de maniobras. La poca brisa obliga a agudizar el ingenio de los patrones y sus tripulaciones.
La salida está prevista para las doce. En los minutos previos los barcos danzan en un extraño ritual intentando adivinar la línea de salida, entre el faro verde y una neumática que no puede estarse quieta. Suena la bocina que indica el inicio de la regata y todas las embarcaciones intentan pasar lo más cerca posible de esa línea, sin perder el rumbo, con la estrategia fijada en su cabeza.

A los pocos minutos se ve con claridad que hay dos tácticas: un grupo va hacia el exterior y unos pocos se acercan a la costa. Ambos piensan que van a encontrar rachas en esas posiciones. Durante las primeras millas no hay grandes diferencias; casi todos optan por la técnica de orejas de burro, porque el poco viento reinante viene de popa, y ambos grupos sueñan con encontrar ráfagas que les permitan ganar posiciones.
El tiempo pasa y los que van por la costa tienen más cerca el cabo de San Antonio, temido por los cambios bruscos de viento y el oleaje que rebota sobre sus acantilados.
El grupo que va por el exterior no encuentra fortuna con la ventolera deseada y queda a más de media milla de los que han optado por costear.

Sobre las cuatro y media de la tarde se da la salida a la siguiente manga. El sol nos acompaña con su resplandor. La imagen que la regata ofrece sobre la bahía es espectacular. Ojalá se hubiera podido parar ahí el tiempo.

En la primera media milla el viento es fuerte, con ráfagas de más de veinticinco nudos. Los veleros toman sus posiciones y maniobran de acuerdo con sus estrategias. La lucha es mayor que en el primer tramo, las posiciones están muy reñidas y se aventura una llegada emocionante. Un viento del norte obliga a la flota a ir de ceñida, con multitud de bordos. Al final de la tarde llegan los primeros barcos a la línea de meta, extenuados con tanta maniobra. Fin de la regata y lo más importante: todos felices y un gran día de navegación sin problemas.

Antes de la cena, Joaquín y Carmen dirigen unas palabras a los participantes y acompañantes, mientras se proyecta un vídeo con los avances del equipo de Cirugía en Turkana: emotivas imágenes acompañadas de unas palabras enternecedoras que Carmen, coordinadora del equipo, dedicó a los asistentes.
Se hizo entrega de los premios. En el fondo no hubo ganadores: el podio es de todos y el triunfo es para este magnífico proyecto, al que ojalá podamos acompañar y ayudar muchos años más.
Gracias a los organizadores, Aproache, Náutica Corcho y Cirugía en Turkana, por un fin de semana tan especial. A la espera de la nueva Regata Turkana, la número XXIX.





